domingo, 10 de febrero de 2008

Un secreto de aquellas noches

Allá en el campo vive mi sombra que discretamente te observa en un conjunto de mis noches que ya no existen. Eres tú lo lejano, lo imposible, sólo el sonido de un nombre que cubre la noche. Algunas de tus verdades apenas si podían ser leidas a traves de tu mirada velada: mi nombre, lo que recordabas de mí, un poco de lo que yo era (y que luego te pertenecería totalmente). Cuando nos presentaron la lluvia caía suavemente. Tú la escuchabas caer. Serenamente preguntaste mi nombre. Te lo repetí y lo olvidaste. Y no me enojé por decirtelo nuevamente. Entonces ya te adoraba. Y me encantaba oir tu voz. Tú dirás, como entonces: no, querido, no era mi voz, yo no hablé contigo. Pero ya tus ojos eran bellos y eternos. Esa noche guardó los secretos de nuestros labios, que nunca fueron cotidianos u ordinarios. Eran otros tiempos: tiempo de extraviarse al borde de algún recuerdo hermoso e inmarcesible, algo que nunca eludimos.
Antes, un "te quiero" bastaba para acercarme a ti. Es tan dificil esto de quererte, amanecer desnudo sobre tus ansias o simplemente dormir nuestras pieles al filo de la noche (¡Que lejos estamos de aquello!). Algunos hilos del corazón se han devanado hasta nuestro pasado pero nuestro destino solo ha sido solo un juego de circunstancias y placeres. Esa luz que te sostenía tenía un nombre. Dejé de ser yo cuando te encontré una tarde, ebria en otros brazos y no pude perdonartelo. Perdóname. Eran tiempos en los que aún no entendía tu corazón y su extraña forma de amar. Las voces susurran y me pregunto si esta bien pensárte y escribirte después de que estuvimos tan lejanos uno del otro. Y de lo mucho que nos odiamos y nos lastimamos, amándonos tanto. Pero es que sólo los amores colosales pueden desgarrarse de esta forma tan dolorosa y primitiva. Fue entonces, cuando entendiste que tu amor iba a destazarme sin misericordia, que te compadeciste de mí. ¿Como lo entendí en aquel tiempo? ¿Fue una palabra o el fuego perdido en tus ojos? Busqué durante mucho tiempo entre las cenizas algo de tu calor, acostumbrado como estaba a nuestras peleas constantes. Pero mi cuerpo, falto de ti, no te lo perdonó. Sin ti, yo miraba ya el mundo con otros ojos. Entonces, busqué la paz de los campos, un poco de soledad, un poco de historia, construir recuerdos sin ti, a la orilla de los ríos, pero nunca fueron algo memorable, solo momentos, no historias, ¿entiendes?. Estaba lejos de ti, aún enamorado de la sensualidad de tu cuerpo, intentaba hallarte, pero no eras tú, eso lo entendía perfectamente. Y surgieron nombres, voces, imágenes que se hicieron pronto lejanas, rostros que el viento mismo despreciaba. Aprendí de abismos y de islas y de mares lejanos que nunca me llevaron a ti ni me recordaron algo de lo que en ti habitaba. Y entonces inicié un rito sin fin, jamás exento de dilemas. Yo era un bosque perdido que se encontraba al deambular a la caza de algún recuerdo nuestro en una silueta ajena, en alguna noche perdida.
Dejé de escribirte a los tres meses de tu muerte. Es tan doloroso saber que intentabas encontrarme cuando yo queria perderme y, también, encontrarte. No estuve ahi para ti, lo siento. Debí ser algo mas que una voz, un sentimiento o un abrazo. Debí ser todo y no fui nada. Sé que no es hora de lastimarnos con estos recuerdos. Ya no sirve de nada, tu ausencia es tan cierta como el universo escindido que me espera.

2 comentarios:

mirka dijo...

Sobre mis labios aun pesan los besos de un amor de esos que te desgarran, a pesar del dolor causado estaria dispuesta a vivirlos de nuevo aunque me arranquen el ultimo aliento.

mirka dijo...

Sobre mis labios aun pesan los besos de un amor de esos que te desgarran, a pesar del dolor causado estaria dispuesta a vivirlos de nuevo aunque me arranquen el ultimo aliento.